|
Un mate cocido. Eso es lo que desayunó ayer Toro
Quevedo antes de la entrevista; es la misma infusión
que compartió en una merienda de 1986 junto a
Pato Lugones, propietario e ideólogo de Chébere.
Sólo que aquella vez lo pidió en Aristóteles, un
desaparecido bar de avenida Olmos en cuya carta el mate
cocido brillaba por su ausencia. No obstante, el mozo se
las arregló para complacerlo.
Fue un gesto del gastronómico, porque, en ese momento,
Quevedo estaba lejos de ser el “Toro”, el cantante que
mañana celebrará sus 10 años como solista. “Pato Lugones
me citó. Merendamos y me dio la dirección, el día y la
hora de la prueba. Fue en la casa del Negro Videla en
barrio San Rafael”, recuerda Quevedo acerca del big bang
de un cometido que duró 10 años y legó 17
discos. En la voz del ya conocido como Jorge
“Toro” Quevedo, Chébere construyó clásicos como
Fuiste mía en setiembre, 25 rosas y Leña seca, entre
otros. “Lo mío es pop romántico que excede el cuarteto.
Siempre tuve tendencia a eso”, dice el cantante a la
hora de rotular esa contribución.
–¿De dónde venías antes de entrar a Chébere?
–Venía de Río Cuarto. Empecé haciendo tangos y luego
estuve en una orquesta en la onda de Los Pasteles
Verdes. Hacía locución y cantaba un solo tema. ¡¡¡Un
solo tema!!! Y bueno, como era bancario me trasladaron a
Córdoba. Y así fue que un compañero de laburo me
contactó con Chébere, que acaba de perder a Fernando
Bladys.
–¿Conocías a la orquesta?
–¿Sabés que no? No estaba metido con el cuarteto. Y de
Chébere sólo me había quedado algo del “Turco” Julio
cuando pasó por Río Cuarto como solista. Me quedó el
tema Te vas en palabras. Y es lo que canté a capella en
la prueba de la casa del Negro Videla.
–¿Chébere se la jugó por un absoluto desconocido?
–Fue así, se la jugaron. Y fueron hábiles en convertir a
Jorge en el “Toro”. Tengo gratitud hacia Chébere. Por
eso los invité para que el sábado cierren el
espectáculo. Y a Rubinho, el cantante que hizo dupla
conmigo hasta agosto de 1996.
Perseverar
–¿Cómo se sostiene un solista por 10 años en un
mercado tan cambiante?
–Hay que perseverar. Y es indispensable tener una
familia que te apoye, porque en esto hay muchos
altibajos.
–¿Alguna vez pensaste en dejar de cantar?
–Sí, claro. En 2000. No había laburo. Pensé hasta en
irme del país. Es que la música tiene sus ciclos. Y
cuando vos cumplís el tuyo, te golpeás. Y duele.
Entonces hay que cambiar, empezar de cero. Hacer viajes
en auto, llevar discos bajo el brazo, tocar las puertas
en las radios. Y así, un buen día te encontrás en Buenos
Aires llenando salones, como pasa ahora.
–Tu tono es grave, firme e impetuoso. ¿Cómo lo cuidás?
–Estudio canto con Daita Faressi. Le debo todo. Me
afectan los cambios de tiempo, pero gracias a las clases
me quedan reservas. Los operadores también son aliados.
Saben cómo hacerte rendir desde la consola.
–¿Cómo es el grupo que te respalda?
–Forma con batería, viola, bajo, teclas, piano y cuatro
caños.
–¿No tienen esa percusión merenguera?
–La tenía tiempo atrás, hasta que me convencí de que no
iba por ahí. Las nuevas generaciones me conocen, me
respetan, pero no bailaban conmigo. No hay que
engañarse. No van conmigo las lentejuelas ni los trajes
de colores. Soy como me ves.
Fuente: La Voz del Interior
(+)
Ver Otras Noticias
(<)
Volver Atrás
(F)
Dejá tu opinión en el Foro |