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Un mate cocido. Eso es lo que desayunó
ayer Toro Quevedo antes de la
entrevista; es la misma infusión que
compartió en una merienda de 1986
junto a Pato Lugones, propietario e
ideólogo de Chébere. Sólo que
aquella vez lo pidió en Aristóteles, un
desaparecido bar de avenida Olmos en
cuya carta el mate cocido brillaba por
su ausencia. No obstante, el mozo se las
arregló para complacerlo.
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